Opinión | Jesuitas en Venezuela

Foto: La Patilla

Arturo Sosa tiene una sólida formación, es licenciado en Filosofía de la Ucab y doctor en Ciencias Políticas de la UCV 

Un venezolano se convirtió en el primer superior de la Compañía de Jesús nacido fuera de Europa. Por su influencia sobre la Iglesia, y por el color del traje que visten, al jefe de los jesuitas se le conoce como el “papa negro”.

Arturo Sosa tiene una sólida formación, es licenciado en Filosofía de la Ucab y doctor en Ciencias Políticas de la UCV.

En estos días dijo:

“No existe en Venezuela una alternativa política al chavismo, otra propuesta que pueda ser escogida entre uno y otro. Lo que ha existido durante estos años, es una oposición al régimen, que une a todos aquellos que están en contra del chavismo (…) Ninguna es una alternativa política que tenga una fuerza social o unas organizaciones que lo respaldan, que hagan posible que esa fuerza social se convierta en gobierno, con un proyecto y con un programa. Eso no existe en Venezuela”.

Es una afirmación que nos llama a la reflexión. La radicalización extrema a que nos ha llevado el Gobierno con su estrategia de confrontación ha vaciado de contenido el debate político. Terminan los dos polos en un conflicto permanente que nada tiene que ver con las angustias y las necesidades de la gente.

No alcanza el dinero para comprar la comida, no se consiguen las medicinas, los enfermos no son atendidos en los hospitales, se hacen colas desde la madrugada para llevar un litro de aceite y nada, o muy poco, se escucha sobre lo que se propone para remediar esta situación. La agenda pública se limita al conflicto político.

El padre José Virtuoso, rector de la Ucab y segundo responsable de la Compañía de Jesús en el país, afirmó en una carta pública:

“La sensación con la que se vive es de rabia y frustración. El empobrecimiento es masivo. La escasez y la incapacidad de adquirir lo poco que distribuyen las redes comerciales se traduce en hambre y miseria para la mayoría. La inseguridad crece en una violencia impune. El autoritarismo y la hegemonía comunicacional pretenden imponer un mundo demagógico y falso. El tejido social se desvanece y la institucionalidad es sinónimo de corrupción e impunidad”.

Hace falta un liderazgo más positivo, más propositivo, con un discurso más esperanzador. Un liderazgo que acompañe a la gente en su angustia. Como dice el papa Francisco, otro jesuita: “los pastores deben oler a ovejas”.

Solo así daremos el salto cualitativo de oposición a alternativa.

Pedro Pablo Fernández / Últimas Noticias

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